Veía el aro y cualquier situación valía para anotar: en carrera, cambiándose el balón de mano en plena acción de tiro, sin situación; con sus pases, que nadie más podía hacer, dejaba boaquiabierto a todo el mundo, e hizo su seña de identidad (que le valió el sobrenombre de "Pistol") de un tiro sacado desde la cadera. Ignorando la ortodoxia, con un juego infinitamente más atractivo del que se practicaba, redibujando descaradamente las acciones, aceleró la decadencia de una forma de jugar y se presentó como el primer "showman" del espectáculo que es hoy el baloncesto.
jueves, 27 de enero de 2011
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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