Personas con Historia

Perfiles de personajes históricos que merece la pena conocer

miércoles, 24 de febrero de 2010
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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Helen Keller, la luz en la oscuridad

La psicología positiva y mucho antes la fiolosofía helénica nos hablan de la fuerza de voluntad, de que querer es poder, un concepto que tiene mucho más valor contemplado desde la vida de Helen Keller (1880 - 1968), que siendo sorda y ciega consiguió ganarse la vida como escritora y activista política, y cumplir una meta vital: contribuir a mejorar las condiciones de vida de los discapacitados sensoriales, reforzando la visibilidad de la Fundación Americanara de Ciegos y a través de su propia Fundación, la Helen Keller International.
Hija de propietarios rurales de Alabama, en el sur de Estados Unidos, Helen Keller perdió vista y oído tras una enfermedad cerebral no diagnosticada antes de cupmlir los dos años de edad, quedando impedida así mismo para aprender a hablar. Ciega, sorda y muda, sus padres consiguieron que su caso llegara en 1887 hasta Alexander Graham Bell, entonces muy implicado en la enseñanza de niños sordos, que consiguió a su vez que la Escuela Perkins para ciegos de Massachusstes asignara a la niña una instructora personal.

La persona elegida fue Anne Sullivan, una chica de apenas 20 años que había sido formada también en el Perkins, huérfana y pobre, ciega desde los 5 años, pero que recientemente había recuperado parte de la visión tras dos operaciones. En una época en que muchos ciegos en todo el país eran socialmente descartados y confinados en asilos, Keller tuvo la gran suerte de poder contar con la experiencia e inteligencia de Anne Sullivan;  y ésta se quedó a su lado durante 49 años.

Anne enseñó a Helen primero el alfabeto manual, mediante pulsaciones en la palma de la mano; a leer y escribir en braille, en su lengua y en los años posteriores en francés, alemán, griego y latín, y la enseño también a hablar con el método Tadoma, haciendo que tocara sus labios y su garganta, de tal forma que supiera como pronunciar y producir sonidos. Si bien no consiguió nunca hablar perfectamente, con la ayuda de Anne Helen Keller fue la primera persona sordociega en cursar estudios universitarios, graduándose en Radcliffe en 1904.

Ejemplo de superación, siempre marcándose nuevas metas desde su total oscuridad, Keller escribió en su vida once libros y numerosos artículos acerca de su experiencia, de  su aprendizaje, de la figura de su maestra, de la importancia de ser positivo, del mundo interior. Recorrió su país dando conferencias y viajó a todos los continentes, destinando el dinero ganado a su sustento y el de su maestra y a financiar que la Fundación Americanara de Ciegos fuera una verdadera entidad federal, que garantizara una mejor calidad de vida a todos los discapacitados, en todo el país.

Estos viajes le hicieron además ponerse en contacto con una realidad social muy viva a principios del siglo XX, la del activismo político. En 1909 Keller se había afiliado al Partido Comunista, convencida de que las desigualdades, la pobreza y la explotación de los trabajadores eran parte de la causa y parte de la consecuencia de la existencia de las discapacidades sensoriales y ciertas enfermedades que las provocan. Fue una oradora muy activa en pro del comunismo primero, del anarcosindicalismo desde 1912 e implicada en las luchas por los derechos civiles y con el Comité Nacional Negro, lo que le valió ser investigada por el FBI y que ciertos medios de comunicación que habían alabado su tarea se volvieran en su contra.

A partir de 1922 su actividad política decayó, y hasta su muerte en 1968 centró todos sus esfuerzos en financiar, promocionar y dirigir su propia institución, la Helen Keller International, fundada en 1915 y que hasta el día de hoy se ocupa de prevenir la ceguera y luchar contra la malnutrición en países pobres de todo el mundo y entre las clases más desfavorecidas de Estados Unidos.

Más sobre Keller:

viernes, 19 de febrero de 2010
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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Caravaggio, el genio tenebroso

Una gloria precoz, una vida maldita, una muerte prematura y miserable. Michelangelo Merisi, "Caravaggio" (1571 - 1610) cumplió el papel de artista revolucionario con un arte perfectamente adaptado a su vida.

Nacido en Milán pero criado en Caravaggio, al quedar huérfano en 1591 abandonó este pueblo de agricultores devastado por la peste y se marchó con lo puesto a Roma, con la intención de vivir de la pintura cuando el vendaval del Renacimiento italiano estaba por concluir. La luminosa ciudad eterna se le presentó pronto como un submundo muy difícil para sobrevivir, pulsante de intrigas, indulgencias, luchas de poder, magnicidios refinados y pendencias, y un asfixiante control clerical de lo divino y lo humano, al que cada año llegaban cientos de aprendices de artistas a emular a los grandes del Cinquecento.

Pero Caravaggio no llegó a Roma a impregnarse de la herencia de Miguel Ángel, Rafael y Leonardo. Llegó a Roma dispuesto a derruir un arte de madonnas y ángeles perfectos, el academicismo estricto, con naturalezas muertas forjadas en el trabajo de aprendiz de taller local que desempeñara desde los 13 años. Anticonvencional y transgresor, ya bajo la protección de un mecenas vinculado a la poderosa familia Borgia, el Cardenal Del Monte, comienza a desplegar en capillas y salones sus pinturas realistas de modelos extraídos de los bajos fondos romanos: prostitutas, mendigos, buscavidas, bien presentes en las tabernas barriobajeras que gustaba frecuentar. Sus cuadros oscuros con luces violentas se convierten en un género, el tenebrismo, que será el punto de partida de tantos maestros posteriores en la pintura europea hasta prácticamente el siglo XIX.

Hasta aquí todo bien, si no fuera porque alternaba su faceta de genio con la de rufián; con sus vicios y su carácter impulsivo y violento, estaba más cerca de los modelos de sus cuadros que de sus poderosos, piadosos y ricos clientes, y fueron sus años romanos una época tanto de grandísimo éxito como de peleas, denuncias y juicios, que culminaron en 1606 cuando terminó por acabar con la vida de un hombre en un duelo.

Condenado a muerte por este hecho, incia su periplo de huidas. Perseguido por la justicia romana se refugia en distintas ciudades (entonces auténticos estados), dejando por donde pasa un rastro de geniales obras de arte: en Nápoles, en Malta y en Sicilia.

En 1609 decide regresar a Roma donde aún le quedan protectores, especialmente su mecenas Del Monte, que obran diplomáticamente para lograr el indulto. Recién desembarcado en Porto Ercole, muy cerca de la Ciudad Eterna, es descubierto y encarcelado. Sale de la cárcel pagando un soborno, pero no quiere continuar su viaje sin recuperar los cuadros que llevaba consigo al ser detenido, y en su búsqueda muere por un acceso de fiebre el 18 de julio de 1610, con tan sólo 39 años, y pocos días antes de que en Roma se anunciara la aprobación de su indulto.

jueves, 11 de febrero de 2010
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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Yuri Gagarin, el héroe espacial

Cada 12 de abril se celebra en Rusia el Día de la Cosmonáutica para conmemorar la hazaña que ese mismo día de 1961 llevó a Yuri Gagarin (1934 - 1968) a convertirse en el primer hombre en viajar el espacio. Los soviéticos consiguieron una gran victoria sobre Estados Unidos en su guerra de las galaxias, y la elección del héroe fue, como toda acción susceptible de propaganda, muy meditada por los jerarcas comunistas.

Yuri Gagarin era el perfecto soviético y el ejemplo perfecto de la eficacia socialista; nacido en un koljós (granja colectiva, base de la economía rural soviética), hijo de padres campesinos, estudiante y obrero metalúrgico de profesión, en 1955 consiguió ingresar por sus propios medios en la Escuela Militar de Pilotos, siendo destinado en 1957 al servicio aéreo del Ártico. También se había casado y era padre de dos hijas cuando, en 1960, lo selecionaron para formar parte del grupo de 20 cosmonautas del que solamente uno sería elegido para orbitar sobre la Tierra.

La muerte de uno de esos 20 cosmonautas, abrasado en la cápsula de entrenamiento el 23 de marzo de 1961, no restó coraje a Gagarin para que el 12 de abril tripulara la nave Vostok-1, que, comandada desde el mando central, efectuó una vuelta a la Tierra a una altitud de 315 kilómetros y durante 108 minutos (8 kilómetros por segundo). Después, la nave reentró ardiendo en llamas por un fallo técnico y Gagarin descendió en paracaidas sobre Siberia.

Tenía 27 años y era el hombre más célebre del mundo, no sólo por haber sido el primero en explorar el espacio, también porque a su regreso viajó por todo el orbe socialista, de Alemania a Cuba, promocionando la gesta del programa espacial ruso. Con auténtica resignación soviética, tuvo que vivir con una popularidad que no quería, incluso lo apartaron de la aviación para preservar su leyenda mediante un cargo en el Soviet Supremo. "La popularidad es una cosa irreparable. Uno se ve obligado a meditar ¿a qué y a quién se debe?", decía Gagarin en su libro "Veo la tierra", que escribió en el siguiente año.

Sólo cuando el alcoholismo amenazó seriamente con derruir el mito, y tras pasar por un sanatorio en Crimea, consintieron que Gagarin, Héroe de la Unión Soviética y el Trabajo Socialista, regresara al programa espacial. Desde 1963 trabajó en los diseños de nuevas naves y como instructor en el centro de entrenamiento. Había recuperado su vida, y al tiempo ya lo había conseguido todo, cuando el 27 de marzo de 1968 murió a bordo de un caza MiG-15 que se estrelló cerca de Moscú sin que las autoridades rusas hayan aportado nunca mayores explicaciones.

Su muerte prematura le impidió ver la siguiente gran gesta espacial, esta vez del enemigo: la llegada del hombre a la luna, el 16 de julio de 1969, que sin embargo nunca eclipsó la suya. En el memorial de Gagarin, Neil Armstrong dejó escrito "Él nos llamó a todos al cosmos".

Más sobre Gagarin

Así fue el viaje del primer hombre al espacio (12/4/1961)



2011, el año de Yuri Gagarin: La Yuriesfera

viernes, 5 de febrero de 2010
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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Kepler, armonía y movimiento

Quedaba poco para que los científicos comenzaran a morir por desafiar a Dios cuando Johannes Kepler (1571 - 1630) decidió dedicar su vida a estudiar los movimientos planetarios, descubriendo y teorizando la armonía de un universo sin cielo ni infierno y cuyo epicentro no es la tierra.

Hijo de un mercenario en las guerras contra Carlos V y una curandera, Kepler fue un niño de salud muy frágil, pero brillante inteligencia, asombrado por las estrellas que durante su infancia se manifestaron en dos grandes ocasiones: el paso de un cometa, en 1577, y un eclipse lunar, en 1580. Aunque carente de recursos Kepler pudo cursar estudios universitarios gracias a un programa de fomento de formación de pastores luteranos en Tubinga (Alemania), y allí entraría en contacto con las novedodas teorías astronómicas de Copérnico.

Abandonando toda intención teológica, Kepler consiguió un empleo como profesor de Matemáticas en Graz que le permitía costearse su pasión: acabar de derruir la verdad oficial de que la Tierra estaba inmóvil y ocupaba el centro del Universo, y que todo giraba a su alrededor, la teoría del geocentrismo de Ptolomeo que llevaba en pie cerca de 1.500 años.

En un golpe de fortuna, el decreto de expulsión de los maestros protestantes del archiduque Francisco Fernando lo llevó en el 1600 a trasladarse a Austria, donde llamó la atención del Rey Rodolfo II, un auténtico mecenas de la ciencia, que lo convirtió en su consejero astrológico. En una época sin telescopios y con todo el mundo celeste por descubrir, Kepler fue el último astrólogo y se convirtió en el primer astrónomo, y asombró al mundo con sus famosas tres leyes (publicadas en 1609 en su obra Astronomia Nova): Los planetas realizan movimientos elípticos alrededor del Sol; los planetas barren áreas iguales en el mismo tiempo; el cuadrado de los períodos de los planetas es proporcional al cubo de la distancia media al Sol.

En 1615 ni su condición de protegido de la Corona ni la admiración emanada de su trabajo pudieron parar un proceso de la Inquisición contra su madre, acusada de brujería. Abandonó Austria y todo lo que allí había conseguido y pasó seis años en Alemania asumiendo su defensa ante el Santo Oficio, y consiguió que fuera liberada pero tan debilitada por el proceso y la tortura que moriría seis meses más tarde.

Volvió a Austria cuando Rodolfo II ya había muerto y el nuevo poder se negaba incluso a pagarle honorarios pendientes, y falleció pacíficamente en 1630 dejando atrás su mangnífica contribución a la astronomía, una lectura perfecta de la armonía del mundo.

Más sobre Kepler

 Vida y Leyes de Kepler (google books)