El mayor maratonista de todos los tiempos asombró al mundo en los Juegos Olímpicos de 1960 ganando el oro, descalzo, en 2 horas, 15 minutos y 16 segundos, mejorando el récord mundial en ocho minutos, plusmarca que él mismo se encargaría de reducir en la siguiente cita olímpica, Tokio 64. Esos son sus méritos como atleta, en la inmensa tarea de llevar el cuerpo humano al límite. Como africano, ciudadano del más pobre de los continentes, y en plena descolonización, acaparó un papel de ídolo que tendría que pagar ante su Rey, el autoproclamado emperador etíope Haile Selassie I. Como leyenda, quiso que el mundo supiera que su país, Etiopía, "ha ganado siempre con determinación y heroísmo" y colocó por derecho su figura en la historia del deporte, en el reducido club de los mejores.
sábado, 8 de mayo de 2010
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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