Su nombre no tiene el brillo de otros artistas de su época, ni sus cuadros encabezan subastas millonarias ni cuelgan en reproducciones enmarcadas en salones y oficinas. A su oficio como pintor quizá con más afán que talento le superó su trayectoria como profesor e introductor de tendencias, y aún por encima fue, más que cualquier otra cosa, un superviviente: autodidacta y de escasos recursos, humilde y permanentemente abatido por el sufrimiento, perfecto ejemplo de resiliencia, su vida es una consecución de superposiciones a la tragedia, de volverlo a intentar, de ganarle un día más al infortunio, de echarle ganas hasta no poder más.
jueves, 9 de febrero de 2012
by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo
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